Bosques de Sarapiquí, en Costa Rica, esconden aventura, ciencia y tradición

Fuente: EFEVerde.com

Sarapiquí, (Costa Rica) 26 sep (EFE/EFEverde).- Los secretos ancestrales de la preparación del cacao, la adrenalina de los deportes de aventura y un vasto conocimiento científico se pueden encontrar, todos juntos, en los bosques de Sarapiquí, en el norte de Costa Rica.

A poco más de dos horas de San José se localiza esta región, que no ha tenido un desarrollo turístico tan acelerado como otras zonas del país, y que es el hogar de una riquísima biodiversidad alimentada por las aguas del río del mismo nombre.

Aspecto del color del cielo en los bosques de Sarapiquí, en el norte de Costa Rica/foto/Jeffrey Arguedas

Las llanuras de Sarapiquí se extienden hasta la frontera con Nicaragua y a lo largo de su territorio se encuentran no sólo hoteles y sitios turísticos, sino centros de investigación científica de renombre internacional como la estación La Selva, de la Organización de Estudios Tropicales, y la reserva La Tirimbina.

En La Tirimbina se llevan a cabo los estudios más exhaustivos sobre murciélagos en todo Costa Rica. Esta reserva, de 345 hectáreas de bosque tropical alberga a 61 de las 113 especies de estos mamíferos que habitan en el país.

Uno de los más llamativos es el murciélago blanco (Ectophylla alba), un pequeño animal que solo se encuentra en las selvas del Caribe de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

Murciélagos en Sarapiqui

Los murciélagos blancos de Sarapiquí viven en una pequeña isla en medio del río, a la cual se accede bajando por una escalera de caracol colocada en la mitad de un puente colgante de 260 metros de largo.

El guía Willy Pineda, explicó a Efe que estos mamíferos alados muerden la parte central de las hojas de plantas heliconias como plátano, para convertirlas en una especie de tienda colgante que los protege de la lluvia, el sol y los depredadores.

Sólo 11 especies de murciélagos en América Latina construyen sus refugios de esta manera, y en Costa Rica viven 7 de ellas, destacó Pineda.

El murciélago blanco es además quisquilloso: elige hojas específicas, de 80 centímetros de largo y entre 30 y 40 de ancho, en plantas con espacio abierto alrededor para poder entrar y salir fácilmente.

Viven en grupos desde 3 hasta 14 de estos mamíferos voladores; una familia puede habitar meses en la misma tienda pero son difíciles de encontrar, por lo que La Tirimbina es un paraíso para los investigadores.

Aspecto de la preparación del cacao en los bosques de Sarapiquí/Foto/Jeffrey Arguedas

Para financiar estas actividades, se recurre al ecoturismo con propuestas novedosas que rescatan las tradiciones locales, como por ejemplo el popular «Tour del chocolate».

En un recorrido por la reserva, los visitantes aprenden sobre los orígenes de la fruta del cacao, nativa de América; su valor para los pueblos indígenas, la forma en que éstos la consumían y el proceso por el cual se transforma en barras de chocolate.

Pineda detalla a los turistas las propiedades del cacao y muestra el proceso tradicional para obtener chocolate, desde el secado de las semillas, su tostado y fermentación, hasta su molido con piedras.

Hace probar, además, la bebida de chocolate original, a base de agua, y no leche, y a la que se puede agregar desde vainilla y canela hasta chile y otras especias como pimienta.

El tour finaliza con la elaboración artesanal de tabletas de chocolate que los turistas disfrutan como niños.

Pero Sarapiquí ofrece además una gama importante de deportes de aventura como rafting, rapel y canopy, e incluso cuenta con el único canopy nocturno de Costa Rica, un recorrido por 14 cables en las copas de los árboles iluminado apenas por la luz de la luna.

Las limpias aguas del río Sarapiquí, calmas en ciertos sectores, sirven para realizar tours de observación de aves, y con un poco de suerte se pueden encontrar reptiles y mamíferos como monos y nutrias ocultos en la orilla.

Todo esto a menos de 100 kilómetros de San José, la capital costarricense.

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