La India despliega fuerzas especiales para proteger a los tigres

Fuente: EFEVerde.com

Nueva Delhi, 12 ene (EFEverde).- Los tigres de la India, el país con mayor número de esos felinos, cuentan ya con su propia guardia de seguridad, creada para protegerlos de contrabandistas y cazadores furtivos que los comercializan en lugares como China y Tíbet.

La bautizada como Fuerza de Seguridad Especial para la Protección de los Tigres (STPC) fue desplegada en una reserva de la región meridional de Karnataka y se extenderá a 13 reservas más -de un total de 39 que hay en el país- seleccionadas para el proyecto.

Según el último censo de 2011, Karnata es el estado indio con más tigres, unos 300, por lo que ha sido el escenario para iniciar la labor de un cuerpo que cuenta por ahora con 110 miembros, un número de efectivos similar al que operarán en las demás reservas.

«La India sufre (este problema) debido a que el mercado (con tigres) existe en otros países», dijo a Efe, aunque no quiso acusar a nadie, S.P Yadav, subinspector de la Autoridad Nacional para la Conservación de los Tigres (NTCA), organismo impulsor de la iniciativa.

«Hay muchos pobres en la India y resulta fácil convencerlos» para que los cacen, explicó Yadav, que recordó que la captura o comercialización de estos felinos está penalizada por el Código Penal indio con entre tres y siete años de prisión.

Los principales destinos de los tigres comercializados, según la organización ecologista WWF, son China, donde diferentes partes del felino se emplean en la fabricación de medicinas tradicionales, y Tíbet, donde su piel se usa en la elaboración de vestimentas.

El tigre ocupa tradicionalmente un importante lugar en la cultura india, en la que simboliza la belleza, el poder y la ferocidad en un país en el que se estima que hace un siglo habitaban sus bosques y selvas unos 10.000 de estos animales.

En la actualidad la India acoge, con 1.706 ejemplares, el 60 % de la población de una especie que también subsiste en otras naciones asiáticas como Bangladesh, Vietnam, Tailandia, Nepal o Camboya.

Según la WWF, los tigres han perdido el 93 % del territorio global que solían ocupar, el 45 % en la última década, debido al aumento demográfico y consecuente uso de las zonas forestales para campos de cultivo, áreas urbanas y yacimientos mineros.

Recientemente, una campaña de la organización ecologista Greenpeace instó al ministro de Carbón indio, Sriprakash Jaiswal, a no transformar «miles de acres de territorio forestal en minas de carbón», con la consecuente repercusión negativa para los tigres.

Una activista de esa oenegé, Seema Javed, declaró por correo electrónico a Efe que en la región central de Maharashtra, por ejemplo, «las minas de carbón suponen una seria amenaza» para los felinos.

«Resulta increíble que incluso al saber que la población de tigres en la India se encuentra en niveles críticos, el ministro de Carbón fomente la destrucción de más de 600.000 hectáreas de bosque para la obtención de carbón», explicó la activista.

El subinspector de la NTCA aclaró al respecto que las minas en las reservas de animales están prohibidas, pero no en otras zonas protegidas, «un debate complicado porque existe un gran conflicto entre mantener el 9 % de crecimiento indio y proteger a los tigres».

Como consecuencia de la transformación de las zonas forestales, el 30 % de los tigres se encuentra fuera de las áreas protegidas, lo que les lleva en ocasiones a establecerse o realizar incursiones en territorio habitado por humanos.

El último ejemplo se produjo el pasado lunes, cuando una tigresa y sus dos cachorros descuartizaron a un granjero de 55 años en Maharashtra, en un poblado próximo a una zona protegida, informó la agencia india IANS.

«La tigresa y sus dos cachorros se llevaron al granjero y, literalmente, se lo comieron. La cabeza, las piernas y las manos fueron amputadas del cuerpo», relató un testigo.

Todos los recientes ataques a humanos han ocurrido en Maharastra, donde en los últimos cinco años 75 personas han muerto y muchas otras han resultado heridas por el ataque de felinos, aunque los grupos ecologistas insisten en que se trata de algo inusual.

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