Cambio de aires en Francia

Por: Daniel Merchan M.

Las elecciones presidenciales en Francia nos han dejado una valoración más de la incidencia de la crisis económica en las democracias modernas, esta vez dejando atrás a otro gobierno que cae victima de los embates de la sociedad afectada por la inestabilidad del mercado, y que gradualmente a originado cambios graduales en España, Grecia, Italia, entre muchos otros actores de la dinámica internacional.

Nicolás Sarkozy, uno de los grandes protagonista del actuar de la Unión Europea y la OTAN en los últimos años, ha visto como a lo interno de su estado la flama de su poder se vino apagando, al punto de no consolidar al menos en la primera vuelta electoral francesa, una victoria que le diera mejor posición en el panorama político nacional, y por el contrario su contendor François Hollande se desplego como la alternativa creciente desde el partido socialista para lograr alcanzar la victoria por la primera magistratura francesa.

Los resultados dieron de manera definitiva un 51,7% de Hollande, frente a un 48,3% de Sarkozy, por lo que ya comienza el debate sobre las posibles medidas más destacadas, entre ellas la congelación durante tres meses del precio de los carburantes, subir el salario mínimo, revertir la reforma de las pensiones de Sarkozy para que la edad de jubilación vuelva a los 60 años y el envío de un memorándum a sus socios europeos con medidas para fomentar el crecimiento que incluyen la creación de eurobonos.

Otra gran verdad de estos comicios, es que quien ejerce el poder hoy en Europa, pierde las elecciones. Esta tendencia se inició con la derrota de los laboristas en el Reino Unido, cuando Cameron venció a Brown, formando gobierno en alianza con los liberales. En el caso de los cinco países PIIGS, en todos perdió el poder quien lo ejercía. En Portugal y España fueron derrotados los gobiernos socialdemócratas por fuerzas de centroderecha y en Irlanda sucedió lo contrario, el gobierno de centroderecha fue derrotado por socialdemócratas. En Grecia cayó un gobierno de dicha orientación siendo sustituido por un tecnócrata y en Italia cayó otro de centroderecha, Berlusconi, dando lugar a que otro tecnócrata se hiciera cargo del gobierno.

Hollande no es evidentemente un radical, y aunque anunció que no ratificaría el tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza firmado el pasado 2 de marzo por 25 países de la UE, quedan fuera el Reino Unido y la República Checa si no se añade una agenda sobre el crecimiento, es fácil imaginar que le será fácil conseguir un consenso que combine estabilidad, medidas de consolidación fiscal, con decisiones expansivas contra cíclicas que saquen de la recesión a quienes ya han recaído en ella como España, y saquen del estancamiento a toda Europa incluidas Alemania y Francia.

Frente al planteo del ganador francés de que debe abandonarse la austeridad como prioridad, la respuesta de Merkel y del Banco Central Europeo ha sido clara, afirmando que no se va a flexibilizar el acuerdo fiscal firmado por los países de la Unión Europea. En concreto, la Francia de Hollande pasa a alinearse con los países de la Europa mediterránea que hoy quieren poner un límite a los ajustes, y se aleja de Alemania, que los impulsa. Sarkozy había logrado que Francia fuera vista como un país sólido como Alemania, identificando su imagen con la de Merkel. Ahora la Francia de Hollande será vista como opuesta a las políticas de Alemania

Alemania y Francia son los pivotes sobre los que se ha construido la unidad europea desde sus comienzos e inevitablemente deben seguir siéndolo. Por esto las elecciones francesas y el año próximo las alemanas, son también resultados fundamentales, de ello depende buena parte del futuro europeo.

Daniel Merchán M

Twitter: @Daniel_Merchan

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