Venezuela al borde del abismo

Por: Daniel Merchán M

Imagen: magazinelatino.com

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Muy pocas veces escribí sobre Venezuela en todo estos años de navegar por el contexto internacional, no porque no sea un actor importante, cuando de hecho lo es en muchos aspectos geopolíticos, pero esta vez deseo reflexionar sobre nuestro drama interno, aquel que nos ha impedido tantas veces tomar las riendas del desarrollo, para terminar desdibujados en pugnas intestinas que nos impiden darle sentido y direccionamiento al timón del estado.

Venezuela se sumerge en una inmensa polarización, que no permite resolver las mas duras realidades que vive la sociedad, elección tras elección nos dominan los espejismos, cada quien se atribuye su propia fantasía, su porcentaje de pueblo, su color predominante, sus ganas de imponer criterios, en fin, su mundo paralelo que no tiene nada que ver con la cotidianidad.

La economía venezolana es la más rezagada de América Latina, con pronósticos nada precisos para el futuro inmediato, pese al incremento de los precios petroleros, su principal producto de exportación. Venezuela lleva varios años imponiendo límites de precios a ciertos productos básicos para tratar de controlar la inflación, la más alta de Latinoamérica y una de las mayores del mundo.

Tales resultados generan un colapso en varios ámbitos de las políticas publicas del país, un ejemplo son las cifras que maneja la federación medica venezolana, aproximadamente 90 de los 100 hospitales públicos de Venezuela que funcionan plenamente tienen apenas el 7% de los suministros que necesitan, el sistema privado tiene solo 8.000 de las más de 50.000 camas de hospital del país, pero atiende al 53% de los pacientes, incluidos 10 millones de empleados públicos con seguro médico. La crisis en el campo de la salud es impulsada por las mismas fuerzas que tienen a los venezolanos esforzándose por conseguir papel higiénico, leche y repuestos de automóviles. Aunado al desbalance del suministro eléctrico nacional y a la principal preocupación de los ciudadanos en todas las encuestas, la amenaza de la inseguridad.

América Latina mantuvo más de 100.000 homicidios por año y un total de más de un millón desde 2000 a 2010. Los latinoamericanos tienen además “la percepción más baja de seguridad a nivel mundial”: en promedio, una de cada tres personas dijo haber sido víctima de un delito violento. En Venezuela las perspectivas no son diferentes, una ciudad como Caracas puede llegar a tener una tasa de homicidios de 112 por cada 100 mil habitantes, ubicándola como la tercera ciudad más violenta del mundo. Cifras aportadas por el Observatorio Venezolano de la Violencia indican que en materia de prevención del delito se requiere duplicar la cantidad de agentes; el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas(CICPC) tiene un déficit del 300%, mientras que la cifra llega al 90% en el caso de la Justicia penal y al 70% en el de los fiscales.

Pero no todo es negativo en el panorama actual Venezolano, de hecho forma parte de los retos para un país que también atraviesa un mar de potencialidades, aunque las decisiones sabias y oportunas deben llegar a tiempo, mejorando la infraestructura vial del país, fortaleciendo el transporte y las comunicaciones lo que facilita la distribución de las redes de producción, invirtiendo junto a la empresa privada en la recuperación del incentivo turístico nacional e internacional con múltiples mercados de servicios de calidad, aprovechando una geografía biodiversa, creando fondos calificados de ahorro y distribución de la renta petrolera emulando casos como el noruego o el de emiratos árabes unidos, apostando por las energías alternativas para el aparato eléctrico y el rescate del medio ambiente, inyectando recursos a la nuevas tecnologías entendiendo el alto grado de acceso de nuestros ciudadanos al internet, creando ciudades educadoras y digitales, fijando nuevos parámetros para la seguridad, la atención al ciudadano en las oficinas publicas, fomento de empleo y garantías básicas para la salud, etc. En fin, es un deseo, un propósito, que se puede evidenciar paulatinamente si se quieren cambios para progresar y definir un camino integral al desarrollo, vale recordar una lapidaria frase del presidente Hugo Chávez en aquella famosa cumbre del milenio en Naciones Unidas, refiriéndose a las vicisitudes que atraviesa el mundo contemporáneo, “los gobernantes pueden ir de cumbre en cumbre, pero sus pueblos van de abismo en abismo”, cuan cerca estamos hoy del abismo, ojala tengamos la voluntad suficiente para reconducir el rumbo.

Daniel Merchán M

@Daniel_Merchan en Twitter.

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