Terapeuta a la fuerza

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Entiendo que hay personas que disfrutan mucho dar masajes tanto como recibirlos y definitivamente, no pertenezco a ese clan. No hay nada más fastidioso para mí que interrumpan mi relax televisivo para que dé unos “masajitos”, que además sé que no serán por un tiempo corto.

Pertenecer a la especie humana tiene sus ventajas, ya que puedo anticiparme con cualquier pretexto para no dar el masaje. Simulo estar dormido, o simplemente escapo con alguna excusa. Pero no todos pueden hacer lo mismo. Un delfín en cautiverio por ejemplo, día a día está forzado a aplicar “terapias de amor” a pacientes que inocentemente pagan un servicio que de nada les va a servir.
Esas terapias “de amor” son mercantilizadas como DELFINOTERAPIA, la cual tiene su génesis en 1974 cuando el Dr. Horace Dobbs comenzó a estudiar el efecto de los delfines en personas con padecimientos emocionales, síndrome de Down y autismo. Su epifanía llegó cuando se encontraba junto a su hijo en la Isla de Man, donde conocieron un delfín al que llamaron Donald. Desde entonces dejó de encerrarse en las paredes de una oficina y el océano se convirtió en su centro de investigación.
La tesis Dobbs expone que las ondas ultrasónicas que utilizan los delfines para comunicarse estimulan el hipotálamo humano a producir endorfinas que activan la glándula pituitaria y así producir la hormona ACTH, la cual reduce el estrés y mejora el reflejo neuromotor. Una especie de Muros de Jericó a la inversa en el cerebro humano.
No voy a contradecir el estudio del Dr. Dobbs, ni tampoco aseverarlo. Simplemente hago la observación que tanto este estudio como otros similares, se han hecho con delfines en libertad, y en este caso aplica muy bien los términos “buena vibra” y “mala vibra”. Los niveles de estrés de un delfín en libertad son infinitamente inferiores a los delfín en cautiverio, ya que no sólo está acompañado de familiares y amigos, sino que tiene su espacio natural para desenvolverse y alimentarse, y no está limitado a una pequeña piscina donde le retienen el alimento a conveniencia del entrenador.

Sin embargo, esto no lo explican los parques acuarios que ofrecen el servicio de delfinoterapias, ya que recurren a ello para mantener vivo el espectáculo circense de cetáceos que desde hace varios años viene enfrentando una crisis por el desinterés de la gente por asistir a los shows debido a las campañas de información sobre el trato a estos animales, captura, traslado, entrenamiento, alimentación y comercialización.
De hecho, Horace Dobbs quedó tan fascinado con estos mamíferos marinos que en 1978 funda Dolphin Watch Internacional, una organización sin fines de lucro para el estudio y la protección de los delfines salvajes.
No caiga en la estafa de la delfinoterapia, y en cambio únase al grueso de personas que defendemos a los delfines y queremos verlos en su hábitat.
Esto fue una mirada desde la boca del Lobo Cobarde
PD: Conoce más sobre los Delfinarios (cárceles acuáticas) visitando animanaturalis.org

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