Vida Intranquila

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Los venezolanos, y especial los de Caracas vivimos el día a día de forma agobiante. Manejar el carro en las vías, tomar el transporte público (bus, metro, tren), caminar por las calles e incluso salir a distraernos produce más estrés del que se debería.

Pues sí, la inseguridad que amenaza constantemente a los ciudadanos nos provoca una rutinaria sensación de miedo. Ver que se acerca una moto con dos personas nos hace ponernos alerta ante un posible asalto, o simplemente el tráfico o lo abarrotado de las unidades de transporte nos genera angustia. Y podría extenderme más a la preocupación que sienten los padres y madres pos sus hijos al tener que dejarlos ir solos a sus aulas de clases o a casa de sus amigos, o dejar a familiares de tercera edad solos en casa, todo esto hace que la intranquilidad sea aún mayor.

En fin, vivimos al borde de un ataque de nervios ante los posibles y probables ataques a nuestra integridad física y emocional. Algo así como, vivir como animales. Sí, como animales. Y no en el mejor sentido de la expresión. Sin embargo, nuestra vida sigue siendo un paraíso comparado con lo que sufren constantemente los no humanos.

Mientras nos quejamos de tener que viajar 15 o 20 minutos en un vagón saturado de personas, de pie, sin espacio para movilizarnos para llegar a un destino más cómodo; vacas, cerdos, aves viajan 12 o más horas en remolques y cargas a un destino trágico, su muerte dolorosa.

Cuando estamos alertas para no estar a merced de algún maleante que pueda aparecer de improvisto nos asemejamos a la fauna silvestre que sigue siendo atacada por traficantes de especies que le roban a sus crías.

¿Cuántos de nosotros no nos hemos visto, vivido o enterado de secuestros como los que sufren felinos, elefantes y delfines por parte de circos y acuarios? Y ¿cuántos de nosotros no hemos sentido el acoso que sufre un toro de lidia o de coleo?

Es cierto, no podemos comparar a humanos y animales en este sentido. No, simplemente no, porque nuestras probabilidades de supervivencia son infinitamente superiores.

Y no soy de los que cree eso del ajuste de cuentas del destino, pero es cierto que de alguna manera hoy estamos viviendo lo que hemos hecho durante siglos a muchas especies.

No quiero decir que esta acción y reacción cambiará simplemente tratando bien a los animales y que una vez hecho ésto volveremos a vivir tranquilamente, nada de eso. Pero si es bueno replantearnos un poco. Obviamente debemos buscar la forma de hacer de nuestra ciudad y nuestro país un hogar más digno y cómodo para todos, pero también es un buen momento para replantearnos lo que hacemos con otros.

Cuando viajes por la carretera y veas un camión que transporta ganado, trata de ver la mirada de los seres que llaman carga, e intenta sentir por un instante lo que están padeciendo. Si en la misma vía ves que están vendiendo monos o aves, piensa en lo que tuvo que luchar su madre cuando le arrebataron sus crías. Si ves que un circo llega a tu ciudad piensa que esos animales están secuestrados sin oportunidad de escapar.

Si te invitan a una manga de coleo o una corrida de toros, imagina qué sentirías en el lugar del toro y pregúntate qué    tiene de digno y glorioso sufrir así.

La idea de esto no es que sientas culpa de la suerte de los animales, mi intención es que sientas un poco de empatía con su situación, ya que es muy probable que hayas padecido algo similar.

Esto fue una mirada desde la boca de El Lobo Cobarde.

#ElLoboCobarde

PD: Conoce más sobre este tema visitando animanaturalis.org

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