Apostemos a que se acaba

12apostemosaqueseacaba

Creo no ser el único que se divierte en las reuniones familiares recordando anécdotas, sobretodo de la infancia y adolescencia. Hace unos días compartimos nuevamente entre risas y llantos cada uno de esos recuerdos.

Algo que había olvidado de mi infancia, pero que me hicieron recordar fue una de tantas peleas que tuve con mi hermano. Mi madre, ya harta de que sus hijos vivieran en una lidia interminable, nos llevó al salón de fiestas del edificio y llamó a nuestros amigos para que vieran el espectáculo. Nos dijo con una correa en la mano ¡se van a pelear, y al que gane le sale correazo del bueno!.

La psicología aplicada en nosotros fue efectiva. Por un lado el bochorno ante los amigos, por otro lado la duda de golpear a tu contrincante o mejor recibir los golpes y caer. Obviamente, preferimos decirle a mamá que no pelearíamos más.

Mientras todos reían al recordar nuestras caras, alguno llegó a comentar si nuestros amigos apostaron por un ganador en la pelea de gallitos. Es curioso, pero de tantas actividades que se practican hoy en día, y en las que obviamente hay apuestas, siempre viene a la mente la pelea de gallos.

Y es que a la nefasta pelea de gallos se le conoce como ¡el deporte de los caballeros!, pero no por lo honroso de la actividad en sí, sino porque todo se garantiza con la palabra del apostador. No existe un papel que determine que se ha realizado una apuesta, se hace de palabra. Pero la realidad, de que hoy en día con la automatización y la tecnología aún se hagan este tipo de apuestas sin documento alguno es para mantenerse al margen de la ley sobretodo de las de impuestos a las actividades de juegos de envite y azar.

Pero yo no estoy en contra de las peleas de gallos por ser centros de apuestas, sino por la crueldad animal que está presente en ellas.

Si bien es la misma naturaleza territorial de los gallos, lo que hace que entren en combate, el hecho de acorralarlos para que el perdedor no escape, incentivarlos a que se peleen y se hieran, y sobretodo armarlos con espuelas para que sea aún más sangrienta la justa es lo que las hace antinaturales, ni hablar de que las aves son criadas y entrenadas para ello.

Dicen que en cada municipio de Venezuela existe una Plaza Bolívar y una gallera. No hecho tal censo para certificar que sea cierto, pero sí es cierto que en muchos países, las peleas de animales están prohibidas por maltrato animal, incluso en la misma España peninsular, que es en definitiva quien las instaura en Venezuela, Colombia, Centro América, las Antillas y México.

La sociedad moderna ha llevado a las riñas de gallos a un cuestionamiento ético tal que cada vez son menos, y si se me permitiera hacer una apuesta sería que muy pronto acabarán, o al menos dejarán de ser consideradas legales. Así que sólo quedarán en el recuerdo en personajes literarios como Dionisio Pinzón, del cuento de 134 páginas de Juan Rulfo

Esto fue una mirada desde la boca de El Lobo Cobarde

 

You may also like...