Los Refugiados

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Para quienes se conduelen por los animales que se encuentran deambulando por las calles es común desear un terreno lo suficientemente espacioso para albergarlos a todos. No es una idea loca, sino una contemplación a su desesperación. Obviamente, esas personas no están ni remotamente razonado el gasto que implica ni la forma de sustentar económicamente ese proyecto.

Un refugio o albergue genera muchos gastos y muy pocos ingresos (si es que llegase a tenerlos), y a menos que se tenga un aporte del municipio o de la labor social empresarial, en menos de un año estaría colapsado poniendo en riesgo no sólo el bienestar de los animales sino también (y aún peor) el de quienes lo fundaron.

Sin embargo, muchos emprenden la labor de acogerles en sus casas bajo la premisa de “donde comen 2 comen 3”, y en menos tiempo de lo que piensan ya están saturados por rescatar animales que se encuentran en el camino, y porque otros al ver que lo hacen les dejan unos cuantos más.

Muchos agradecen el trabajo del proteccionista, otros lo sataniza. Pero nadie piensa en las dificultades que tienen para conseguirles alimentos y medicinas a sus rescatados, y menos imaginan que están haciendo lo que la municipalidad debería hacer.

Muchos candidatos a alcaldes y concejales proponen y prometen abrir centros de rescates o refugios para “acomodar” a la fauna vagabunda, y si esto llegase a concretarse, el local se convierte rápidamente en el vertedero de consciencia de quienes no desean animales en sus hogares o áreas de trabajo.

Otros, ofrecen a las fundaciones y protectoras que ya resguardan animales darle un carácter oficial a su oficio, pero al no contar con un presupuesto asignado sólo queda en credenciales sin valor. Y la solución es aún peor, porque el ciudadano común cree que es el centro municipal y abandonan más animales allí pensando que la alcaldía se encargará de ellos.

Pocos (gobiernos y ciudadanía) entienden que el objetivo de un refugio municipal es albergar animales:

  1. extraviados que son llevados allí para que sus familias puedan buscarles con mayor facilidad
  2. recuperados de robo o hurto
  3. decomisados de personas que irresponsablemente les tenían a su cuidado
  4. decomisados de vendedores ilegales
  5. que quedaron desahuciados por la muerte o enfermedad de quienes les tenían
  6. sobrevivientes a catástrofes
  7. potencialmente peligrosos que requieran rehabilitación

Estas locaciones simplemente se han convertido depositarios de animales que alguna vez estuvieron en las calles o de otros que fueron abandonados en las puertas de sus instalaciones. La impunidad con que se abandona a su suerte un animal en nuestro país no sólo crea un problema de salud pública, sino que crea una sociedad que va pudriéndose en su conducta ciudadana y que ya estamos viendo sus consecuencias.

Pero volviendo al tema de cómo deberían ser los refugios. Estos espacios deben contar con:

  1. Área de cuarentena para los nuevos ingresos y así evitar la proliferación de enfermedades al resto de albergados
  2. Hospital veterinario y médico residente (que no forme parte de la administración o directiva del refugio)
    Área de recreación felina. Los gatos son animales muy activos, necesitan juegos y lugares donde trepar y esconderse.
  3. Amplio espacio para paseos caninos. Los perros liberan estrés con largas caminatas
  4. Jaulas espaciosas y separadas. Clasificadas por el tamaño y peso de los caninos
  5. Un ambiente limpio y con una temperatura no menor de 18ºC y no mayor de 28ºC para evitar que el excesivo frío o calor afecte el comportamiento de los animales y sea más fácil su adaptación a un nuevo hogar. Para ello es necesario tener un personal en constante trabajo de limpieza y equipos de aire acondicionado que regulen la temperatura.
  6. Oficina de atención al público para recibir denuncias
  7. Vehículo especializado con equipamiento de control animal
  8. Capacidad de animales a resguardo no superior a 50 caninos y 20 felinos. Por ello cada municipio debe instalar centros de acuerdo a su alcance geográfico y demográfico

Porque de nada sirve abrir el refugio y no tenerlo equipado y administrativamente preparado para hacerlo operativo. Además un local con estas cualidades es mucho más sencillo mercadearlo para que tanto la ciudadanía como la empresa privada aporten donaciones que lo hagan sustentable. Por otro lado, cabe la posibilidad de brindar servicios a bajo costo de pensiones, veterinaria, tienda, educación canina y felina, y escuela de adiestramiento.

Ya sé que se están preguntando qué hacer entonces con los animales en las calles. Obviamente, debemos atenderles y esterilizarlos. Dejar a los comunitarios y resguardar para la adopción a quienes estén en indigencia. Pero antes también, debemos comenzar a ser realmente duros e intolerantes con quienes los abandonan para evitar así la propagación. No, no es una utopía. Soñemos en nuestro país posible y trabajemos por alcanzarlo.

Esto fue una mirada desde la boca de El Lobo Cobarde.

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