La Triada del Maltrato Animal

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Hace unos días hice algo inusual en mi rutina, encender la televisión en la mañana y sintonizar un programa de Carlos Fraga, sí ese que nos vive diciendo que somos “los hijos predilectos del Universo”. Reconozco que nunca le había puesto atención porque eso de que te sermoneen tan temprano no va conmigo, pues ya no soy un adolescente que llega tarde a la casa preocupando en demasía a los padres.

Pero en esta ocasión me enganchó. Tenía como invitada a Dra. María De Los Ángeles Rondón, y estaban conversando sobre La Triada del Bullying, y si bien hablaban sobre el acoso adolescente en liceos, me dio una idea más clara para “entender” ciertas expresiones del maltrato animal, porque en esencia la crueldad a los animales y el bullying se estructuran igual.

Y es que en el escenario del abuso hacia los animales, también existe “la tríada perversa”, los tres elementos del bullyng, por ello me he permitido redactar un ensayo sobre estos tres factores como puntos clave en el maltrato animal.

Como primer elemento está, obviamente el agresor o los agresores, los llamados “líderes negativos”, personas con capacidad de arrastre sobre otros más fácilmente influenciables. Su primera presentación no es necesariamente la gente agresiva. Ante los ojos de la comunidad suelen exhibir actitudes de sumisión y hasta simpatía. Son expertos en alejar sospechas.

Existen muchas causas para convertirse en un agresor; provenir de hogares en donde ellos son víctimas de maltrato o muy por el contrario ser el centro de atención absoluta del hogar y de extremo consentimiento por parte de sus padres o responsables. En cualquier caso, es recurrente que posea profundos resentimientos. Porque para ser un maltratador, se requiere estar resentido, incluso si se es un adulto aparentemente estable.

El segundo elemento en nuestra tríada es la víctima: Un perro, un gato, un conejo, un ave, algún ser vivo que estuvo en el momento preciso en el lugar indicado en el que nuestro maltratador explota su resentimiento. Un animal incluso, es un blanco mucho más simple para descargar la ira que un ser humano, ya que estos no tienen la capacidad para denunciar el atropello.

El tercer elemento perverso es el espectador, o los espectadores. Estos pueden ser de dos tipos, por un lado los apáticos e indiferentes que presencian el acto y no hacen nada. Es decir, la indolencia de la sociedad, en la que también podemos incluir las autoridades que desestiman las denuncias de maltrato animal. Personas que puede que sean intimidadas por el maltratador, o simplemente asumen que el agresor cuenta con la aprobación silenciosa y condescendiente del grupo social o la comunidad en general. Pero también están los espectadores activos, aquellos que ríen, se divierten y hasta alientan al agresor a que lo haga con aplausos y halagos, inspirándole a repetir la escena con el mismo animal o con algún otro.

Si bien, estos ejemplos hiciesen ver que todo estuviera ambientado en contra de los animales, podemos cambiarlo. Y va mucho más allá de mejorar nuestra legislación al respecto (que hay que hacerlo). Estos agresores necesitan del tercer elemento para cometer sus fechorías, bien sea para que estén silentes o para auparles a hacerlo.

Concentrémonos también en los espectadores… Porque al igual que los maltratos institucionalizados (corridas, coleo, riñas de gallos, circos) son la semilla del maltrato animal.

Esto fue una mirada desde la boca de El Lobo Cobarde.

PD: Te invito a leer RELACIÓN ENTRE MALTRATO A ANIMALES, ABUSO A NIÑOS Y VIOLENCIA EN HUMANOS 

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