LA MALDICIÓN DEL RABIPELADO

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Es muy frecuente oír y leer que la práctica del deporte promueve la salud mental que alivia las hostilidades, la agresividad, y además reduce la delincuencia, la criminalidad y la violencia.

Sin embargo y desafortunadamente, eso no se cumple con lo que se vive en las graderías. Se ha vuelto recurrente las publicaciones de noticias de actos violentos entre los fanáticos de los equipos, bien sea por disputas entre ellos o por agresiones a los jugadores que participan en el espectáculo.

Pero nunca antes ha habido una manifestación tan deprimente como la ocurrida en el cuarto juego de la final del campeonato de béisbol profesional de Nicaragua, disputada entre los equipos Chinandega y Rivas en el estadio Yamil Ríos Ugarte, cuando el público asistente acosó, golpeó y mató a un rabipelado (o zorro de cola pelada, como le dicen en Centroamérica) que corría aturdido por el cercado buscando escape.

El medio de comunicación Nicaragua Entertainment publicó las fotografías de Jairo Cajina en la que se evidenció el abuso por parte de fanáticos.

“Cuando apareció el zorro, todos disfrutamos ver al animalito yendo de un lado a otro mientras estaba en el techo del estadio”, escribió Cajina en su reporte. No obstante los fanáticos embargados por la emoción, “comenzaron a tirarle objetos, hasta que llegó a las manos de un tipo que lo agarró de la cola, y lo estrelló en las graderías. La policía intervino para que no lo mataran, pero los salvajes terminaron a las afueras del estadio con la vida del animalito… Es repudiable la muerte del zorro, pero más aun ver a la gente (no todos pero la mayoría) como disfrutaban del ataque que hicieron”, lamentó el fotógrafo.

Posteriormente se difundió en las redes sociales un video que registró el suceso hasta su captura en el dogout del equipo local, allí se aprecia cómo  el público lanza botellas plásticas contra el rabipelado que caminaba sobre el borde de la malla, también se ve a un jugador patearlo y a otro tratar de atraparlo machucando su cola.

Algunas personas que decían ser testigos presenciales escribieron que el hombre que lo atrapó no golpeó con el bate al animal, sino que le colocó el madero para detenerlo e impedir que ingresara directamente al terreno de juego, incluso aseguraron que el marsupial había logrado escapar. Pero inmediatamente después circuló una imagen del animal colgado sin vida como trofeo en la entrada del barrio Pedro Joaquín Chamorro en Rivas, cerca del estadio.

Hasta el momento de escribir estas líneas no ha habido un pronunciamiento por parte de los equipos que participan en la final, ni de los cuerpos de seguridad que custodiaban el recinto deportivo, ni de los directivos de la Liga Profesional de Béisbol Nicaragüense, y mucho menos de las autoridades municipales o nacionales. Simplemente está pasando como una anécdota de mal gusto del deporte del país centroamericano.

A pesar de la múltiples pruebas y testimonios no ha habido una investigación, pese a que el hecho viola la ley No. 747, aprobada el 11 de Mayo del año 2011 que establece que los nicaragüenses están “obligados a velar por la protección y el bienestar de los animales domésticos y silvestres que cohabitan con los seres humanos, a fin de evitar su extinción, maltrato u otras formas de discriminación o sufrimientos innecesarios durante su reproducción, desarrollo y existencia”.

¿Cómo se puede luchar contra la violencia en el deporte si no se controla estos tipos de abusos? ¿Cómo invitar a las familias a que vayan a ver un evento deportivo si exponemos a niños, niñas y adolescentes a semejante manifestación de brutalidad colectiva?

El mundo del béisbol está lleno de cábalas y supersticiones y no será extraño que estemos ante una nueva maldición, la maldición del rabipelado si el equipo Rivas no gana o no clasifica nunca más la serie final del béisbol nicaragüense.

Esto fue una mirada desde la boca de El Lobo Cobarde.

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