Los manatíes del Caribe dejan de estar en peligro de extinción

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Los manatíes del Caribe o antillano (Trichechus manatus) están de enhorabuena, pues los intentos de salvarlos de la extinción están dando sus frutos. Según ha anunciado el Servicio de Pesca y Vida Salvaje (FWS, por sus siglas en inglés), Estados Unidos lo ha tachado de su lista de especies en peligro de extinción por el gran aumento poblacional experimentado en las últimas décadas.

Los Trichechus manatus son una especie de sirenio de la familia Trichechidae que habita desde el golfo de México hasta la desembocadura del Amazonas.

Por su parte, los sirenios son un orden de mamíferos placentarios en el que se engloban distintas especies vivientes, entre ellas los manatíes, que a su vez se dividen en tres especies: el manatí antillano, el amazónico y el africano, con sus distintas distribuciones geográficas, acordes a su nombre.

En concreto, el manatí del Caribe ha logrado remontar el número de ejemplares tras años de esfuerzos conservacionistas en las aguas que bañan Florida. Actualmente, su número en dicho estado supera los 6.500, lo cual supone una gran diferencia con respecto a los años 70, cuando solo contaba con unos pocos cientos.

Especie amenazada
Pero no todo son alegrías, lógicamente. El hecho de que deje de considerarse una especie en peligro de extinción no significa que pueda dejarse de proteger. Muy al contrario, las autoridades del FWS advierten que de no llevarse a cabo las adecuadas medidas de protección la especie podría caer en picado de forma muy rápida.

“Aunque aún hay mucho por hacer para lograr recuperar los niveles de poblaciones abundantes, especialmente en el Caribe, el número de manatíes está aumentando y estamos trabajando activamente para eliminar la amenaza”, reza la nota de prensa difundida.

La decisión de dejar de considerarla una especie en peligro de extinción se refiere a las subespecies que habitan en el sudeste de los Estados Unidos, así como a los manatíes de las Antillas, Puerto Rico, México, Centroamérica y el norte de América del Sur. En su lugar, la especie pasa a encuadrarse en la categoría de “amenazada”.

Miedo a una vuelta atrás
Estas promesas no cuentan con la confianza de las asociaciones proteccionistas. De hecho, la decisión de dejar de considerarlas en peligro de extinción tiene a las organizaciones conservacionistas en alerta desde que se propuso, en 2016.

Desde entonces, la controversia no ha cesado. Los expertos consideran que estos mamíferos todavía son muy vulnerables, por lo que sacarlos de la lista podría ser catastrófico. Básicamente, consideran que el hecho de haber sido protegidos durante tanto tiempo ha dados sus frutos, pero eso no significa que los avances vayan a mantenerse si se les resta protección como consecuencia de su nueva condición.

Entre otras amenazas, les afecta sobre todo la contaminación, la pérdida de hábitat, las colisiones con los barcos y el cambio climático. Antaño eran cazados por su carne y su grasa, si bien la protección actual de la que gozan impide hacerlo.

En cuanto a la pérdida de hábitat, se debe a la expansión humana, pero en el caso de los manatíes antillanos esta mayor presencia humana se concreta sobre todo en las heridas que sufren al chocar contra motores de barco.

Por otro lado, estos mismos manatíes suelen agruparse cerca de fuentes de calor, teniendo especial atracción por las zonas cercanas a las plantas de energía atómica, razón por la que dejan de migrar y se vuelven dependientes de ellas, lo cual supone un problema.

Protegidos por la ley
Por su parte, la FWS sostiene que los manatíes seguirán protegidos por la ley, por lo que tal decisión “no va a disminuir las protecciones federales, que van a seguir desempeñando un papel vital en la recuperación de esta especie”.

Estos animales marinos fueron de los primeros en beneficiarse de una ley estadounidense de 1966, relativa a la protección de especies en peligro de extinción, emitida por el Congreso, que permitía incluir sólo a animales nativos para proporcionarles protección.

El FWS y el Servicio Nacional de Pesca Marina son los encargados de administrar la ley, bajo la supervisión de los Departamentos del Interior, de Agricultura y de Defensa, cuya misión es buscar el modo de proteger a las especies de dichas listas preservando sus hábitats, entre otras medidas.

Otras especies protegidas han sido los lobos rojos, los osos pardos, los cocodrilos americanos o la grulla blanca. En lo que respecta al manatí, el encargado de su protección es el FWS, ya que tiene la responsabilidad primaria de los organismos terrestres y de agua dulce y éstos animales son tanto de agua dulce como salada. Por su parte, el Servicio Nacional de Pesca Marina se encarga de las especies marinas, tales como el salmón y las ballenas.

Como curiosidad, el manatí, término que significa “con mamas” en referencia a la característica común de los mamíferos de dar de mamar a sus crías, ha recibido un sinfín de nombres, como “vaca marina”, “pez mujer” o “hombre pez”, entre otros muchos.

Dócil y vegetariano (come unos 50 kilos de hojas o algas al día), aunque la especie que nos ocupa también puede comer peces, el manatí puede alcanzar una longitud importante, de entre los 3 y 6 metros, con un peso que puede llegar a los 500 kilos. Pueden vivir hasta los 80 años y son adultos desde los 4 años.

Actualmente, existen más de una docena de santuarios en los que viven algunas poblaciones de manatíes, entre otras las reservas de la Laguna de Catazaja, en Chiapas o la Bahía de Chetumal, ambas en México, la Bahía de las Águilas, en República Dominicana, o los parques nacionales de Tortuguero, Turuépano o Jaragua, en Costa Rica, Venezuela y República Dominicana, respectivamente.

Feunte: ecologiaverde.com

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