Cambio de rumbo hacia un Planeta 2.0. Repensar nuestro modelo de desarrollo.

Por (*) Ana Belén Sánchez (Fundación Alternativas)

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Ante un proyecto de largo alcance que involucra a gran número de equipos, la mejor manera de saber si vamos en la dirección correcta o hemos perdido el rumbo en algún momento es echar la vista atrás, ver el camino recorrido, comprobar si se han cumplido los objetivos planteados y chequear si será posible llegar a la meta acordada con los recursos disponibles, o por el contrario es necesario hacer algún ajuste que nos permita el éxito en nuestro empeño.

Si aplicamos esta idea como Humanidad que comparte el Planeta donde vivimos, deberemos comprobar si es necesario hacer algún cambio de ruta para lograr que todos vivamos mejor, sin dejar a nadie en el camino, utilizando los recursos disponibles de manera respetuosa con las próximas generaciones, que también deberán emprender su propio viaje.

Si echamos un vistazo a algunos datos sobre cómo estamos utilizando los recursos naturales a nivel global, veremos que nuestro nivel de consumo y nuestra forma de producción es realmente insostenible, bien por los residuos y emisiones creadas o por la cantidad de recursos no renovables extraídos.

Capa de ozono
Uno de los primeros síntomas de pérdida de rumbo en nuestro viaje colectivo fue el agujero de la capa de ozono. Ya en la década de los setenta la comunidad científica alertó de que el uso de CFCs (clorofluorocarbonos) estaba destruyendo esa capa de ozono que nos protege de la radiación ultravioleta. Varios años después se firmó el Protocolo de Montreal por el que se instaba a las empresas que fabricaban y utilizaban estas sustancias y a los gobiernos a sustituirlos.

Las emisiones se redujeron de manera radical, más de un 96% gracias al compromiso de empresas y gobiernos que colaboraron en la transición a otro modelo de producción. Lamentablemente, esta es más bien la excepción y no la norma. La mayor parte de los problemas ambientales no se están resolviendo de esta forma tan exitosa.

Contaminación
Por ejemplo, otros de los problemas de los que la comunidad ambientalista alertó hace ya medio siglo tiene que ver con la contaminación del aire. La producción industrial, el uso del petróleo en los coches, la producción de electricidad utilizando combustibles fósiles y el uso de fertilizantes químicos de manera indiscriminada estaban creando grandes problemas de contaminación de aire y agua en nuestras ciudades y en nuestros entornos rurales.

Los gobiernos actuaron y tomaron medidas de control de la contaminación, no de prevención de la misma. El resultado está lejos de poder ser considerado exitoso. El 92% de la humanidad respira aire contaminado cada día, lo que provoca la muerte prematura de 7 millones de personas al año. Lo peor de todo es que el mayor porcentaje de personas que respiran aire más contaminado en el mundo se encuentra en los países más pobres, buena parte en África y Asia, donde los sistemas públicos de salud son extremadamente débiles.

Alimentación
Otro sector donde es necesario un cambio de rumbo es el de nuestra alimentación. Se estima que de continuar con nuestro actual modelo de producción agrícola y de alimentos, ambos sectores serán responsables de la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Reducir el consumo de carne a niveles recomendados por la comunidad sanitaria reduciría estas emisiones en un tercio y nos ayudaría a estar más sanos. Ir más allá y eliminar la carne completamente lo reduciría en un 63% y se evitaría la muerte prematura de 5 millones de personas.

Además, nuestra alimentación está creando otros problemas ambientales. Por ejemplo, la sobre explotación de nuestras poblaciones de peces. Según la Organización Mundial de la Alimentación (FAO), la cantidad de pescado consumido se ha multiplicado por 8 desde 1950, lo que ha provocado que el 30% de las poblaciones de peces se encuentren sobreexplotadas y el 60% esté plenamente explotada. Esta es una de las razones por las que la industria pesquera ha apostado por la acuicultura, que desde la década de los 80 no deja de aumentar a nivel global, creando importantes problemas ambientales.

Plásticos
Mientras que los mares se vacían de peces nuestras aguas se llenan de plástico. La producción mundial de plástico se ha multiplicado por 20 desde 1950. Solo el 9% ha sido reciclado. El 80% ha acabado abandonado en bosques, tierras o mares, quemado o almacenado en vertederos. Cada año se tiran ocho millones de toneladas de plástico a nuestros mares. Si seguimos así, en 2050 habrá más plástico que peces en los mares. Las sustancias químicas se han vuelto omnipresentes en nuestras vidas y ya casi no hay ninguna industria que no las utilice. No dejan de producirse nuevos compuestos, cada vez más complejos de los que conocemos los riesgos ambientales y humanos sólo parcialmente.

Un sector más que debe replantearse sus sostenibilidad presente y futura es el de la producción industrial. Desde 1970 la extracción de materiales de construcción, de minerales y de combustibles fósiles se ha triplicado, creando enormes problemas socio-económicos y ambientales relacionados con el cambio climático y con la contaminación del aire. La globalización y la terciarización de las cadenas de producción han desplazado la industria a países con regulaciones ambientales y laborales extremadamente débiles, lo que está agravando aún más el problema.

Energía
Finalmente, echemos un vistazo al sector de la energía, básico para el funcionamiento de nuestras economías y sociedades. A nivel mundial, sólo el 1% de la energía consumida en el mundo proviene del sol y del viento, mientras que el 80% proviene de combustibles fósiles (gas, carbón y petróleo). Este es muy probablemente el sector que más drásticamente debe cambiar. Las emisiones de CO2 ya han superado las 400 partes por millón en 2015, lo que está provocando intensas olas de calor, largos periodos de sequía, más y peores incendios y tormentas, tifones y otros eventos extremos que están obligando a desplazarse a millones de personas en todo el mundo cada año.

Mientras tanto, el mundo continúa sin resolver problemas urgentes como el acceso a la educación para los 57 millones de niños y niñas que no pueden ir al colegio, la creación de empleo para los 200 millones de personas que no tienen trabajo, proveer de protección social para el más del 70% de la poblaciónque aún no tiene acceso a ningún sistema de seguridad social o reducir la brecha de género que se refleja en el hecho de que, a nivel global, las mujeres ganan la mitad que los hombres.

La solución a todos estos problemas pasa por replantearse un modelo de desarrollo basado en el consumo ilimitado y la búsqueda de crecimiento infinito. La economía no puede estar por encima del bien común, de todas las personas y de nuestra casa común. Debemos replantearnos nuestras prioridades colectivas y entender que la economía debe estar al servicio de las personas y no al contrario. Esto permitirá que todos, como consumidores, logremos entender la prosperidad de una forma diferente, que no entienda el consumo como único camino para ser más felices.

(*) Ana Belén Sánchez es coordinadora del Área de Sostenibilidad de la Fundación Alternativas.

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