PONIÉNDOLE CORAZÓN A LA TECNOLOGÍA

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Por Roger Pacheco Eslava

Las revoluciones industriales han llevado a la civilización a un aislamiento de la humanidad con la naturaleza. Desde la utilización del carbón como combustible de locomoción y las fábricas de producción serial hasta la entrada del siglo XXI, nos imaginábamos el futuro con un panorama menos verde y más artificial.

Pero el tercer milenio trajo consigo una reflexión. Nos dimos cuenta que el planeta está acortando su vida, y cada uno de nosotros tiene su cuota de culpa. Más allá de las guerras absurdas (valga la redundancia), nuestros hábitos están perjudicando al planeta, y comenzamos la era ecológica con una revolución tecnológica amigable con el ambiente.

Nos percatamos que la tecnología puede utilizarse para desarrollar y desestimamos cualquier proyecto inventivo que pueda destruir. Aceptamos la idea de beneficiar a la humanidad como parte de un todo y vamos desechando la idea de promocionar el crecimiento a como dé lugar y bajo cualquier sacrificio.

La mundialmente reconocida primatóloga, Jane Goodall dijo una vez “La tecnología por sí sola no basta. También tenemos que poner el corazón”, y es nuestro deber desarrollar ideas que nos den bienestar sin perturbar el ambiente de los demás, y cuando digo “los demás” no me refiero sólo a los seres humanos sino a todos los terrícolas (flora y fauna), es decir establecer el equilibrio y aplicar los recursos y los esfuerzos en alargar la vida del planeta.

Hoy en día, el consumo de papel ha disminuido gracias a la digitalización; la era satelital ha reducido considerablemente el uso de cableados; las empresas han aprendido a reutilizar sus desechos, así como también reducido los niveles de ruido y calor en la producción; ni hablar de los combustibles, los cuales tienden a ser cada vez más orgánicos y menos dependientes de los hidrocarburos.

Pero tal vez el avance más significativo de nuestro futuro verde está en la alimentación, y no estoy hablando de los cultivos transgénicos sino del cultivo in vitro. Sí, los alimentos hechos en laboratorios, sin la utilización de extensiones de tierra, sin el uso de riegos, sin la contaminación de las aguas que vierten desde los mataderos, sin el desplazamiento de fauna silvestre y lo más importante, sin maltrato a los animales. Al alcance de todos y con los costos reducidos a la más mínima expresión. Porque la carne de laboratorio es una aspiración que va muchísimo más allá de las reivindicaciones de los defensores de los animales o una respuesta a la cada vez más creciente dieta vegana, el desarrollo de esta tecnología es la solución a la insostenibilidad de un planeta con un ganado que devasta y aumenta el calentamiento global, como alertan los informes de la ONU, y no en vano el Estado holandés, primordialmente ganadero,  es el que más ha invertido en este proyecto.

El sector ganadero ocupa un 33% de la tierra disponible, consume un 8% del agua dulce y genera un 18% de las emisiones de CO2. En pocas palabras, este actual modelo de producción alimetaria es responsable de más de la mitad de los gases que causan el cambio climático.

Y no dejemos olvidado aspecto ético, el hacinamiento de animales y su cruel sistema de transporte a los mataderos, donde pondrán fin a sus miserables vidas. Según datos de la FAO, la cantidad de carne consumida por persona en el mundo se duplicó entre 1961 y 2007, y  volvió a duplicarse en el siguiente septenio, pero crecerá un 70% más de hoy a 2050. Nada más los EE.UU. promedia un consumo de 200 Kg de carne vacuna por persona, y se estima que para finales de este año 2016 habrán sido sacrificados unos 80 millones de animales.

La carne in vitro cubrirá la creciente demanda alimentaria a los más de siete mil millones de personas en el mundo y evitará la “necesidad” de llevar a animales al matadero, acortando paulatinamente el impacto ambiental de la cría de animales para consumo humano. Pero los beneficios no se quedan allí, se podría  controlar la producción para evitar enfermedades como la fiebre aviar, el mal de las vacas locas o la gripe A1H1, e incluso se pueden diseñar alimentos que prevengan los ataques al corazón. Se podrá obtener un producto según las exigencias del consumidor en cuanto porcentaje de grasas, sabor, textura y cualquier otra petición que disponga el mercado. De la misma forma que la maquinaria abolió la esclavitud en los campos y al igual que el vehículo a motor liberó a los animales de tracción la carne “artificial” liberará de la explotación a humanos y animales.

Así pues, ya podemos soñar como algo posible en un mundo donde los robots hacen el trabajo en las fábricas y no hará falta la pobreza para que realice las labores obreras, un tiempo en que los animales no sufrirán para el beneficio de nadie, un planeta frondoso como los que dibujan nuestros hijos en el preescolar y una vida con otro tipo de preocupaciones. Sólo faltará encargarnos de nuestras diferencias ideológicas que llevan a los conflictos y a la destrucción de nuestras naciones.

Esto fue una mirada desde la boca de El Lobo Cobarde

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