Las Aves No Pertenecen a las Jaulas, ¡Punto!

Fuente: Petalatino.com

La belleza y la paz al mirar las aves volar y escucharlas cantar han fascinado a los humanos durante siglos. Pero cuando intentamos hacer de las aves nuestras compañeras manteniéndolas cautivas y enjaulándolas, terminamos lastimando a esos mismos seres que admiramos y apreciamos. La mejor manera de homenajear a estos seres magníficos es mantenerlos fuera de las jaulas y observarlos en la naturaleza, donde deben estar.

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Volar es tan natural para las aves como lo es respirar para los humanos, sin embargo, cuando las capturamos y encerramos en jaulas, privamos a las aves de esta asombrosa habilidad y de todas sus demás necesidades y deseos. En la naturaleza, las aves disfrutan acicalándose, picoteando ramas u hojas y volando millas y millas cada día. Algunos loros vuelan 30 millas por día y las golondrinas árticas vuelan 24.000 millas en solo un año, ¡que es casi el equivalente a volar alrededor de la Tierra!

Las aves nunca están aisladas en la naturaleza y llaman frenéticamente a sus compañeras de bandada si son separadas, aunque sea brevemente. Muchas especies de aves comparten las tareas de crianza e incluso se aparean de por vida.

Se estima que hay 20 millones de aves enjauladas en hogares estadounidenses, pero las aves en cautiverio rara vez obtienen compañía de la misma especie o la estimulación mental que necesitan, y los comportamientos normales de las aves, como llamar a su bandada, picotear y lanzar alimentos, a menudo no son bienvenidos por guardianes humanos no preparados, quienes en consecuencia las abandonan o aíslan. Las aves separadas de su hábitat natural son transportadas de manera tan brusca, que se estima que por cada ave que sobrevive al viaje, al menos 10 mueren. Las aves criadas en cautiverio crecen por cientos, si no miles, en cobertizos, graneros y almacenes, rodeadas de inmundicia, sonidos y especies desconocidas. Algunas aves se deprimen o se vuelven agresivas debido al confinamiento, e incluso se mutilan a sí mismas o entre ellas. Igual que las fábricas de cachorros, las fábricas de aves engendran miseria y enfermedades.

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La vida en cautiverio es frecuentemente una sentencia de muerte para las aves enjauladas, y negarles su derecho a volar es abusivo y priva a estos magníficos animales de lo que les es más natural. Las aves cautivas a menudo pasan tanto tiempo angustiadas que suben y bajan la cabeza repetitivamente, picotean los barrotes de la jaula, tiemblan o incluso colapsan por la ansiedad, se arrancan las plumas y se automutilan, a veces hasta morir.

Según el psicólogo y ecologista el PhD Gay Bradshaw, que estableció el campo de la psicología transespecífica, las aves cautivas experimentan un trastorno de estrés postraumático (TEPT) complejo debido al sufrimiento prolongado y constante. Los loros cautivos muestran síntomas muy similares a los del trastorno de estrés postraumático complejo en humanos, que incluyen tristeza persistente, pensamientos suicidas, ira explosiva, aislamiento y desconfianza. Muchos loros rescatados están demasiado traumatizados como para establecer relaciones con humanos u otras aves en los santuarios.

Las personas que ya tienen un ave y están comprometidas a brindarle excelentes cuidados pueden mejorar su vida adoptando a otra ave de la misma especie o una especie similar de una organización de rescate de aves, santuario, refugio o de un grupo de derechos de los animales reconocido, para que sea la compañera del ave.

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Es importante dejar a las aves volar libremente por largos períodos todos los días en un aviario u otro recinto grande y seguro, y permitirles pasar el mayor tiempo posible fuera de las jaulas en ambientes seguros para las aves. Para más información, por favor consulta los consejos de PETA sobre el cuidado de las aves.

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