Flores en el tejado.

Fuente: BBC Mundo

Alegra y tiene muchos beneficios... pero es costoso.

La incorporación de césped y plantas en algunos techos de Montevideo quebró la gris monotonía de los tejados y llama la atención de los residentes que miran por las ventanas o las terrazas de los edificios más altos.

El complejo World Trade Center, compuesto por tres torres de entre 60 y 70 metros de altura y un conjunto de tiendas comerciales más bajas, fue uno de los primeros en adoptar los llamados «techos vivientes» o «techos verdes» en la capital uruguaya.

«Decidimos hacerlo por un tema estético y medioambiental», le explicó a BBC Mundo el arquitecto de las torres, Ernesto Kimelman.

«Creemos que las azoteas tienen que tener el mismo cuidado estético que la fachada y que todo el edificio, porque se miran también desde arriba, desde edificios más altos. La mayoría de las azoteas de Montevideo tienen tanques de agua, su diseño no es cuidado, el aluminio que se usa para impermeabilizar está a la vista, reflejando el sol y molesta a los ojos de quien lo ve», explicó.

Ahora, mirar a través de la ventana de su oficina en el piso 11 de una de las torres del complejo es para él un placer. Hay más de 2.500 metros cuadrados de verde, incluyendo césped y plantas, muchas de las cuales acaban de florecer.

Más que bonito

Los beneficios de crear este tipo de azoteas van más allá de lo estético. También representan una forma de cuidar el medioambiente y generan un ahorro energético.

"Creemos que las azoteas tienen que tener el mismo cuidado estético que la fachada", dice el arquitecto Ernesto Kimelman.

Las construcciones que tienen una azotea verde gozan de un mejor aislamiento acústico, térmico e hídrico, explicó el arquitecto.

«Las impermeabilizaciones que están debajo de un manto vegetal están menos sujetas a las variaciones de temperatura, de las dilataciones y contracciones que provoca el sol, y que facilitan la generación de fisuras por donde luego entra el agua. Los techos verdes mantienen la humedad y alargan la vida de las impermeabilizaciones», indicó.

Durante períodos de lluvia, los techos verdes se comportan como una enorme esponja que retiene el agua hasta que pase la tormenta y la suelta de a poco hacia la red pluvial, por lo que se evita la llegada simultánea del agua a las canalizaciones de desagüe y posibles inundaciones.

Esos beneficios han sido apreciados desde años en países europeos como Alemania y los países escandinavos, precursores de los techos verdes. En América Latina, ciudades como México, Buenos Aires, Santiago y Bogotá también han valorado sus virtudes y varios edificios públicos y privados tienen jardines o césped en sus azoteas.

¿Por qué no se hace en mayor escala?

Alicia Picción, directora del departamento de Clima y Confort en Arquitectura de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, le explicó a BBC Mundo que la inserción de este tipo de tecnologías tiene un proceso lento.

Los edificios con techos verdes gozan de mejor aislamiento acústico, térmico e hídrico, aseguran.

«Es un tema cultural, hay una tradición de construcción que cambia lentamente. (En Uruguay) se han realizado algunas experiencias en casas (sobre todo en balnearios), construidas por arquitectos que hacen construcciones ecológicas, que trabajan con barro, con madera,» indicó.

El problema principal es el costo que, al menos en Uruguay, triplica el de una azotea tradicional. El arquitecto Kimelman indicó que construir un techo verde cuesta unos US$80 el metro cuadrado.

La arquitecta Picción destacó que si bien el costo inicial es más alto, «a largo plazo el costo final va a ser menor porque tiene menos mantenimiento en términos de materiales y te hace consumir menos energía. Hay que seleccionar un buen tipo de pasto y mantenerlo y eso tiene un costo mucho menor que rehacer la azotea cada 10 años porque los materiales pierden vigencia».

Además de poner en la balanza costos y beneficios, los arquitectos entienden que para lograr que esta tendencia se generalice debería haber un cambio en la mentalidad de los clientes.

Según Kimelman, «es claro que nadie paga más por un departamento cuyo edificio tiene azoteas verdes. Cuando el emprendedor está enfocado en obtener un beneficio económico como beneficio exclusivo de su desarrollo, prefiere gastar menos y no hacer este tipo de techos».

Por eso, asegura, «es importante que la ciudad, o el Estado, se interesen por el tema y promuevan la realización de este tipo de techos, como por ejemplo a través de exoneraciones impositivas», como hacen otras ciudades como Buenos Aires o Berlín.

Por ahora no

Desde el gobierno de la ciudad, Noemí Alonso, directora de la División Tierras y Hábitat de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), descartó que se otorguen subsidios o exenciones.

«A pesar de que los techos verdes son una solución bastante inteligente y eficiente, nos es imposible dar beneficios, no porque no nos parezca bien sino porque tenemos otras miles de prioridades», le dijo a BBC Mundo.

Los futuros proyectistas y constructores podrían ser clave en la ampliación de esta técnica. Picción asegura que en la Facultad de Arquitectura los estudiantes reciben formación sobre el tema y ya en los trabajos que deben realizar durante la carrera están proponiendo la implementación de «techos verdes».

Kimelman indicó que el retorno de hacer estos techos verdes «no es económico sino la satisfacción de saber que se está haciendo algo por el bien de la ciudad, que los clientes y el entorno lo disfrutan. Tanto los vecinos como quienes visitan el edificio, todos tienen alguna palabra de aliento y elogio para la iniciativa».

«Si se incentivara a los vecinos a construir techos verdes tendríamos un paisaje maravilloso», concluyó.

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